LOS TRES MÉDICOS QUE PLANTARON CARA AL FRAUDE DE OSAKIDETZA: «VOLVERÍA A HACERLO», DICEN

«Volvería a hacerlo». Como si fueran una sola voz, los tres anestesistas que denunciaron el sistema corrupto de filtración de los exámenes de la OPE en algunas especialidades médicas de Osakidetza, manifiestan que no se arrepienten del paso dado. A pesar de las presiones, a pesar de que muchos de sus compañeros les han retirado el saludo, a pesar de que esperan más represalias, Manoel Martínez, Marta Macho y Roberto Sánchez creen que su denuncia ha servido para que el sistema cambie y esperan que nunca más se tenga que hablar de fraude en los exámenes para acceder a un puesto de trabajo en la sanidad pública. «Pocas veces David le ganó la batalla a Goliat y esta es una de ellas», mantiene Roberto.

Hace medio año, estos tres anestesistas del hospital del Alto Deba de Arrasate-Mondragón pusieron en la picota el sistema de enchufismo que se vivía en Osakidetza para acceder a las plazas de médicos especialistas. Señalaron ante un notario quiénes iban a aprobar los exámenes y acertaron de pleno, dejando en evidencia a tribunales y jefes de servicio que elegían a las personas que iban a ocupar las plazas y les filtraban los exámenes para que obtuvieran las mejores puntuaciones.

Los responsables de Osakidetza pasaron de negarlo todo a admitir que había habido algunas irregularidades, aunque negaron las filtraciones, a suspender algunas de las pruebas, a comprometerse a cambiar el sistema de OPE y a forzar la dimisión de la directora general del organismo autónoma, María Jesús Múgica. Seis meses en los que el consejero Jon Darpón se ha movido por el filo de la navaja aunque finalmente, los equilibrios políticos han posibilitado que ni sea reprobado ni se constituya una comisión de investigación sobre esas irregularidades en el Parlamento Vasco.

Manoel Martínez confiesa que no se arrepiente del paso dado. «Ha sido complicado, me siento bien, orgulloso y estoy seguro de que repetiría y volvería a hacer lo mismo», afirma. Sus dos compañeros coinciden prácticamente en las mismas palabras y sobre todo en que volverían a interponer la denuncia. Confiesa que laboralmente han sido unos meses complejos. «Este es un hospital pequeño (Alto Deba, de Arrasate-Mondragón) y se lleva mejor porque tenemos muchos amigos. Pero hay otras personas que no solo nos han retirado el saludo, sino que giran la cara», confiesa Manoel, extremo que para Marta «son pérdidas menores» dada la importancia del paso dado. Para Roberto «han sido meses de mucho estrés, pero ha merecido la pena».

Manoel se muestra tranquilo porque cree que no se puede hacer mucho contra ellos, ya que no hay anestesistas y «si nos echan no tienen a nadie para sustituirnos, prácticamente tendrían que cerrar los quirófanos, el hospital». Marta Macho aprecia que «las consecuencias y la venganza vengan a largo plazo porque ahora se notaría mucho». Roberto Sánchez sí que considera que «ahora estás más tenso en el trabajo, tienes más cuidado, porque te están mirando con lupa».

Martínez muestra una profunda «decepción con la profesión». «Esta era una oportunidad estupenda para que la gente saliera a hablar y no lo ha hecho», apunta. No considera que ese silencio se produzca por miedo sino porque la mayoría «estaba de acuerdo» con un sistema consistente en «esperar y ya llegará el turno. Es una especie de síndrome de Estocolmo con el sistema, que ni es justo ni es legal». «Me da pena, era el momento de salir y decirlo, pero hay mucho miedo a posicionarse con nosotros porque esto está levantando ampollas», agrega.

Martínez rechaza que se les acuse a los tres denunciantes de provocar un perjuicio, un daño a muchos de los opositores. «Me dicen que por mi culpa hay gente deprimida, como si nosotros fuéramos los culpables de este sistema. Pues yo lo siento mucho pero el ertzaina que pone la multa no es el que tiene la culpa de que tú hayas cogido el coche borracho y fueras circulado a 180 kilómetros por hora», pone como ejemplo Manoel. Más optimista se muestra Roberto Sánchez que reconoce que a la mayoría de los médicos «al principio le costó digerirlo y ahora muchos están entendiendo que va a ser en beneficio de todos». Agrega que va a ser necesaria una «transición mental» y que dentro de unos años «todo el mundo estará en contra» de esas corruptelas.

Manoel contrasta esa decepción por la respuesta que han obtenido entre el resto del estamento médico con la que han recibido de otros sectores de la sanidad, desde celadores a enfermeras o auxiliares. «Todos los demás nos hacen la ola y nos dicen que ya era hora, que ellos si tienen que estudiar para sacar la OPE y los médicos no, que les vale con esperar a que les llegue el turno». Sánchez puntualiza que «los que se sienten señalados no lo viven tan bien, claro».

«Hemos recibido el apoyo de mucha gente de fuera del País vasco, porque algo parecido sucede en otras comunidades, en Castilla y León, Madrid, Castilla La Mancha, Navarra…, en todos ‘cuecen habas’», afirma Manoel.

Martínez da «por amortizada» la OPE de su especialidad, anestesistas, una de las suspendidas por Osakidetza y no cree que se vuelvan a hacer los exámenes, como anunció el consejero Darpón, sino que las plazas de esa convocatoria se sumarán a las de la próxima, dando carpetazo al asunto. Para este médico, las pruebas suspendidas, son sólo una parte de las afectadas por el fraude. «No creemos que sean las únicas sucias, la mayoría está bajo sospecha. A ver qué pasa con la investigación de la Fiscalía», señala. Roberto Sánchez considera que la denuncia «ha salido muy bien». «Esperamos que Osakidetza cambie el modelo de gestión y jefaturas, que pase a ser más democrática. Es difícil pero tiene que acabarse ese sistema caciquil y feudal», agrega. Su compañera Marta Macho se muestra «escéptica» con las propuestas de cambio que presentó un experto para las OPE: «Mi impresión es que lo único que les importa es la opinión pública, pero la gente es lista y crítica».

Manoel es gallego y cuando llegó al País Vasco fue su pareja la primera persona que le habló de este sistema de enchufismo. «Al principio no me lo creía, pensaba que eran maledicencias y los típicos rumores, pero luego lo pude ver yo mismo y que había gente que se vanagloriaba de ello», manifiesta.

El haber estado los tres denunciantes juntos en el mismo hospital les ha servido para apoyarse: «Somos una piña y nos apoyamos», afirma Roberto. Ninguno se ha planteado abandonar el hospital del Alto Deba, aunque Roberto, que también es especialista en Medicina de Familia, no cierra la puerta a salir a un centro de salud «si la cosa se pusiera muy tensa».

Los tres se han sentido apoyados y arropados por sus familias. «A mi hijo mayor, de 11 años, que es muy crítico, le parece obvio que cuando algo no funciona bien hay que movilizarse aunque no te afecte directamente», confiesa Marta. Roberto es hijo de «un viejo comunista» y su relata que a su padre «le parece estupendo, aunque lógicamente esté preocupado por el futuro». Marta también ha visto a sus conocidos y amigos colocarse en dos extremos: «Unos te dicen que no vais a conseguir nada, os van a señalar, todo va a seguir igual y otro te reconocen que los pasos dados han sido importantes, que hemos señalado al PNV y eso es mucho avance».

Fuente:

https://www.elmundo.es/pais-vasco/2019/01/02/5c2c89f821efa0f3158b4677.html